martes, 26 de mayo de 2015

Soñé un sueño más real que la vida misma

Tuve un sueño donde los niños aun reían
 donde el dolor ya no existía....
En un lugar bajo el sol,
donde se oye mi voz
y a los enamorados suspirar,
sin duda un lugar ideal.

Creía ser la luz de tu sendero,
tu guía, tu humilde compañero.
Un trotamundos pasajero,
todo lo que yo anhelo.

Soñé un sueño más real que la vida misma,
donde aún existía la esperanza
y la vida aún valía la pena.

El tiempo no cura heridas,
solo mitiga el dolor,
de callejones sin salida,
de vidas sin amor.

Si pudieras ver mi alma
la confundirías con la lluvia,
no por las lágrimas,
sino por turbia.

Tuve un sueño más real que la vida misma,
donde aún existía la esperanza
y la vida aún valía la pena.

jueves, 8 de enero de 2015

Tic tac

'' Deja de perder el tiempo. 


¡Actúa! 

Tu que aún puedes. 

¡Reacciona!

 No cometas el mismo error que yo. No le dejes ir. Ve por él. Le amas y nunca te perdonarás haberle dejado marchar. 


¡Corre!

 Aún estás a tiempo de detener todo esto. Tan solo dale una oportunidad. Él lo haría contigo.

¡Date prisa!

Rápido, o le perderás para siempre.
Él no quiere perderte, pero no está en su mano sino en la tuya el destino de ambos.

¡Vamos! 
Dile lo que sientes. La vida está hecha para los valientes, para los que desean vivirla.
Estar vivo no es vivir sino es por amor.

Díselo. Grítaselo si hace falta. Que te oiga el mundo. Que te oigan todos. Díselo.

¡Díselo!

¡Te necesito! ''

Una mañana,un sueño y una lágrima.

Como el frío de la mañana, el calor de un cuerpo desnudo junto al mio.
El viento acaricia mi ventana mientras tú acaricias mi piel.
Un escalofrío me recorre de los pies a la cabeza. Noto tu aliento cálido en mi cuello.
Duermes. 
Aún duermes. 
Sin embargo yo estoy despierto. 
Me giro lentamente y me quedo observándote, deleitándome con tu presencia.
Te amo tanto...
Acaricio tu pelo, sedoso,ondulado. Bajo hasta tus mejillas,cálidas, como el resto de tu cuerpo.
Me arrimo un poco más. 
Despacio. 
Lentamente.
No quiero despertarte.
Suspiro. 
Estoy enamorado. 
Locamente enamorado, excuso decir.
Cada segundo a tu lado es un regalo. Si creyese en los milagros tú serías uno: mi milagro.
No puedo evitar darte un beso en los labios. Son tan suaves a la par que carnosos. 
Podría besarlos durante horas sin cansarme.
Falta poco para que suene el despertador y este momento tan mágico acabe. Te rodeo con uno de mis brazos en un intento de abrazarte, pero con cuidado de no despertarte.
Aún no.
Podría acabarse el mundo allá fuera,y a mi me daría igual mientras estuviese contigo.
Cuando me quiero dar cuenta tengo los ojos llorosos. 
¿Estaba a punto de llorar?
No entiendo porque. Estoy tan feliz, tan agusto. 
¿Por qué he tenido semejante reacción?
Acaso, ¿iba a llorar de felicidad? 
Puede ser.
Noto como una lágrima se desliza por mi rostro hasta terminar en la comisura de mi boca, pero, a pesar de lo esperado, no deja ese sabor salado que suelen dejar las lágrimas. 
No siento nada.
Te vuelvo a mirar y ahí sigues, como hace apenas un momento. Todo sigue igual, pero algo ha cambiado, algo dentro de lo más profundo de mi ser. Algo que aún no sé que es.
De pronto mi cuerpo empieza a sentir frío. La cama parece aumentar sus dimensiones por momentos.
Es entonces cuando el despertador suena, como el aviso de que es hora de empezar el día, o de acabar el sueño. Se repite ese sonido durante unos segundos. 
Un minuto. 
No despiertas. 
De hecho el que despierta soy yo, otra vez.
Esta vez estoy solo, medio destapado. En una cama que me viene grande. En una habitación a oscuras donde no hay nadie más salvo yo mismo. 
Noto algo en los labios.
Me los humedezco un poco y entonces noto ese sabor salado tan particular. El sabor de las cosas que no recuerdan que aún estamos vivos.
Estaba soñando. Era todo un sueño. Un sueño muy real, pero un sueño al fin y al cabo.
Ese sentimiento era tan humano,tan real. 
¿Es capaz un sueño de hacernos sentir tan vivos?
Tal vez así sea. 
Añoro algo que una vez tuve y que perdí. Algo que me atormenta mientras duermo. Algo que no recuerdo cuando fue la última vez que viví.
Algunas mañanas desearía no despertar para poder seguir allí contigo, abrazado a ti en nuestra cama, juntos, muy juntos. 
Besarte y decirte un ''te amo''. 
Pero sé que eso nunca volverá a suceder.
Ya no te amo. 
Tú a mi tampoco. 
Solo somos un recuerdo. 
Un vago recuerdo que se pierde en el tiempo. Palabras que carecen de sentido. Solo somos dos náufragos más sin remos  a la deriva.
Solo nos queda hundirnos hasta lo más profundo de nuestra oscuridad o alcanzar una orilla.
Desconozco cual será tu destino, o el mio mismo. Tan solo sé que si hubieses seguido a mi lado ambos hubiésemos tenido el mismo,y fuera cual fuera, sería sin duda el mejor posible, pues, contigo, todo lo demás carecería de especial importancia.






lunes, 15 de diciembre de 2014

Oscuridad

Vivimos en un mundo extraño, un lugar de incoherencias y de paradojas que parecen ser cómicas pero que más bien tienen un sabor amargo.
Nada de lo creíamos cierto resulta serlo: todo es posible, nada es verdad.
Buscamos culpables a los problemas del mundo, pues alguien tiene que cargar con la responsabilidad de nuestras desgracias. Algunos apaciguan su alma creyendo en un dios y este es la respuesta a todas las incógnitas del ser humano.
Otros buscan la explicación en la ciencia y en los hechos empíricos.
Y otros, simplemente, aceptamos el mundo como es y luchamos por cambiar pequeñas cosas, poco a poco, para evitar sumirnos en un un sueño oscuro del que es muy difícil despertar una vez se está soñando.

Si mirásemos el reflejo del espejo alcanzaríamos a ver un ser que nos devuelve la mirada pero que, curiosamente, no somos nosotros mismos, al menos no quien nosotros reconocemos como nuestro reflejo. El ser que nos devuelve la mirada no es otro que la parte más turbia y oscura de nuestro propio ser, nuestro yo más interno y oculto: nuestros miedos, nuestros fracasos, nuestros pecados.

Somos nosotros mismos, aquella parte de nosotros que nadie puede ver.
Yo he vislumbrado mi lado oscuro. Le he sonreído y me ha devuelto la sonrisa.
No soy ningún ejemplo a seguir, tampoco alguien a quien odiar, soy tan solo el resultado de una vida.
Una vida que aún no ha llegado a su fin y de la cual aún hay mucho que escribir.


Kimeh.

lunes, 11 de agosto de 2014

Su sonrisa

Dicen que los ojos son las ventanas del alma, no hay duda de que algo de razón tienen, pero ¿y con las sonrisas? Un amigo mío dice que es capaz de calar a la gente por su sonrisa y saber si es una buena persona o si es alguien poco de fiar. Para mi, sinceramente, las sonrisas son algo que me enamoran. Podría decirse que son mi talón de Aquiles. Cuando veo una sonrisa bonita todo mi yo se paraliza y, de forma inconsciente, sonrío también, más aún si la persona con esa sonrisa bonita también es bonita.

He conocido mucha gente con diferentes tipos de sonrisa, pero solo hay una a día de hoy que me hace temblar. Una única sonrisa que, nada más verla, mi cara se torna a una expresión de paz, tranquilidad y felicidad. Una sonrisa que me hace sonreír. Una sonrisa de la que soy incapaz de apartar la mirada. Una sonrisa que enamora.


Tal es la cosa que cuando veo sus fotos, en las que aparece casi siempre sonriendo,o sus vídeos, diciendo o haciendo cualquier tontería, por breve, normal o simple que sea, si habla y sonríe soy incapaz de no sonreír.

Me cuesta admitir que, de vez en cuando, reviso todas las fotos que tengo suyas en mi móvil. También reviso los vídeos y me hacen sentirle cerca, muy cerca, como si le tuviese enfrente de mi.
Creo que estoy obsesionado con su sonrisa. Y no es para menos. Si tan solo me provocase todo lo anterior que he mencionado aún habría solución y podría olvidarla, pero hay más. 

Después de conocer a alguien que con solo sonreír te provoca ese sin fin de emociones, imagina, tan solo imagina,(ya que no te permito que lo hagas) que puedes besar esa sonrisa. Besar esos labios que adornan de forma sensual y no por ello menos delicada esa sonrisa tan perfecta. Acariciar sus labios con los míos, sonreír a mitad del beso, inevitablemente, imprevisiblemente, naturalmente, sonreír para verle sonreír también y, como una ola que rompe en la orilla de forma natural e inevitable, volver a sonreír. 


Podría pasar horas seguidas besándole, acariciando sus preciosos labios, jugando con ellos, mordiéndolos, admirando su sonrisa.

Podría incluso pasar el resto de mi vida a su lado si me siguiera ofreciendo aquella sonrisa eternamente, aún a pesar de que el tiempo hiciera mella en él. Ni el tiempo ni la distancia lograría que dejase de vivir enamorado de su sonrisa.